Diez consejos que se deben seguir para una redacción especializada

¿Eficacia comunicativa? Comienza por una buena redacción

En cualquier ámbito en el que nos comuniquemos, una buena redacción permitirá que la información se traslade de forma eficaz y correcta. Si bien cada disciplina cuenta con sus propias particularidades, los siguientes son consejos generales que resultan aplicables a todo tipo de textos: científicos, jurídicos, administrativos, periodísticos, comerciales…

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1. En una redacción especializada, lo más importante es tener claro el objetivo del texto: qué y por qué se escribe y a quién va dirigido. Es fundamental tener en cuenta las expectativas, los conocimientos, las habilidades y las condiciones de lectura del destinatario. No es lo mismo dirigirse a especialistas en una materia determinada que a un público general.

2. La terminología es una de las principales características que distingue los textos especializados de otras tipologías textuales. Si bien, el léxico técnico es necesario, explicar las cosas de forma sencilla, clara y concreta permitirá que el mensaje resulte más accesible. Para facilitar la lectura, otros recursos —como las oraciones breves y sencillas, priorizar la voz activa y las formas positivas, un lenguaje concreto y una puntuación correcta— permitirán una comprensión más fluida.

3. Aunque, actualmente, se tiende a utilizar un lenguaje más cercano, el uso de los modos impersonales es uno de los recursos más utilizados en este tipo de textos, ya sea mediante la tercera persona, el plural de modestia (habitual en textos administrativos) o las oraciones pasivas (comunes en textos científicos y jurídicos)… Sin embargo, no tiene por qué ser siempre la mejor opción, pues la subjetividad puede resultar preferible para acercarse al lector o expresar y diferenciar la opinión del autor. Las fórmulas protocolarias y el tratamiento de usted sigue siendo necesario y usual en el ámbito jurídico y administrativo, en avisos a usuarios, instrucciones, actos solemnes, etc. En textos científicos, la tendencia es ocultar la voz del autor para conceder una mayor importancia al mensaje, pero, en las ciencias humanísticas y sociales, subrayar la autoría del texto es muy importante.

4. Una lectura fácil y ágil depende no solo de la redacción en sí, sino de cómo la presentemos y, para ello, es de vital importancia cuidar la tipografía. Favorecer la legibilidad invitará a leer y beneficiará la compresión del texto.

5. Los títulos y los subtítulos deben ser explícitos, con un significado claro, y aportar información relevante para facilitar la comprensión, la organización y la lectura del contenido. Así, se debe evitar el uso de términos demasiado genéricos o que puedan resultar ambiguos.

6. Un texto coherente y cohesionado se consigue presentando las ideas de manera organizada. Se debe seguir un esquema claro y escoger el más adecuado para el lector (estructura de introducción, cuerpo y cierre, de comparación, cronológica o secuencial, de causa y efecto, de lo general a lo particular, división y clasificación, etc.).

7. Recurrir a fragmentos o a ideas de otras obras y autores enriquece el contenido, pero hay que recordar que, siempre, se deben citar y referenciar correctamente. En el apartado de referencias bibliográficas, deben aparecer tanto las referencias utilizadas como las obras consultadas. Además, esto ayudará al lector a ampliar la información en caso de que lo desee y dejará más claras las aportaciones del autor con respecto al tema desarrollado.

8. La información extraída de fuentes en otras lenguas se suelen comentar o traducir, pero, si se opta por citarlas, la opción más recomendada —con el fin de preservar la coherencia idiomática— es citar el texto traducido e incluir el original a pie de página o al final del capítulo.

9. Unificar criterios evitará confusiones en el mensaje. Por ejemplo, siempre se debe citar igual (ya sea en el cuerpo del texto, entre paréntesis; a pie de página, o al final del capítulo o documento), no mezclar diferentes recursos en una misma citación (comillas, sangría…), escoger una norma y aplicarla de forma unificada en todo el documento (APA, Vancouver, Harvard…), etc.

10. El uso de tablas y gráficos como recursos visuales es muy habitual y recomendado, ya que aligera y esclarece los conceptos explicados, además de permitir un acceso rápido y fácil a la información. Sin embargo, cabe tener presente que un uso excesivo puede provocar el efecto contrario.

Desde Caja Alta Edición & Comunicación, esperamos que este artículo os haya resultado útil y os recordamos que, en caso de que os surja cualquier duda lingüística, la remitáis a los profesionales del lenguaje y la comunicación.

Artículo realizado para ASPM.

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